El producto interno bruto (PIB) de los países centroamericanos se desacelerará por la menor llegada de remesas familiares y el aumento de deportaciones ante el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos, advirtió el Diálogo Interamericano.
Desde el regreso el 20 de enero de pasado a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha generado zozobra sobre los países centroamericanos por la amenaza de deportaciones masivas, uno de los grupos de mayor migración irregular, así como una escalada de aumento de aranceles que terminará por elevar el costo de las materias primas.
A través de una entrevista con France 24, Manuel Orozco, director del centro de investigación con sede en Washington, señaló que al menos 200,000 migrantes serían deportados este año desde Estados Unidos, según estimaciones basadas en los recursos humanos para las redadas y la identificación de personas.
Aunque la cifra no es nueva, ya que en la Administración de Barack Obama hubo deportaciones similares, el regreso de personas que salieron de sus países por temas económicos y de seguridad genera incertidumbre en el impacto que tendrá sobre la llegada de remesas, uno de los principales motores de las economías del norte de Centroamérica.
Como consecuencia, continuó Orozco, las remesas serían menores o crecerían a un menor ritmo.
“No tendrían un crecimiento el otro año y, como hay una dependencia fuerte de ellas, el producto interno bruto (PIB) se desaceleraría en por lo menos 0.5 % (en cada uno de estos países)”, dijo Orozco a France 24.
De acuerdo con Orozco, los guatemaltecos serían los más afectados con 75,000 deportaciones, seguidos de los hondureños con 74,000, mientras que se anticipa el regreso de 38,000 salvadoreños y 16,000 nicaragüenses.
Los migrantes de estos cuatro países sumergidos en violencia y pobreza representan el 38 % de los migrantes con orden de deportación, añadió el titular del centro de investigación.
Motor de las economías
Con datos oficiales, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reporta que El Salvador, Guatemala y Honduras son los mayores dependientes de remesas en toda la región, donde llegan a presentar más de una cuarta parte de la economía.
En Honduras, las remesas representan un 25 % del PIB, la economía de mayor dependencia de Latinoamérica que en 2024 recibió un poco más de $9,743 millones, una cifra que aumentó en $565.5 millones en relación a 2023, un 6.2 %.
De cerca sigue El Salvador, con una dependencia de un 23 % de las remesas como relación al PIB. Este país, cuyo gobierno de Nayib Bukele mantiene cercanía con Donald Trump, recibió $8,479 millones al término de 2024, con un crecimiento de un 2.5 %, la menor tasa del norte de Centroamérica.
Con un 19 %, Guatemala es el tercer país latinoamericano más dependiente de las remesas, con $21,510 millones y un crecimiento de $1,706 millones (8.6 %) al cierre de 2024.
Aunque la CEPAL no incluyó a Nicaragua, el Banco Central de este país reporta que en 2024 los hogares nicaragüenses recibieron $5,243 millones, un 29.4 % del PIB.
Los expertos no esperan una disminución inmediata de las remesas, sino, por el contrario, un aumento porque los hogares enviarán más dinero como precaución ante una posible deportación. Sin embargo, comenzarán a caer cuando los migrantes tengan menos dinero porque no encuentren trabajo que se arriesguen a contratarlos o no salgan por temor a los agentes.
Las remesas juegan un rol clave en las economías de la región, utilizadas principalmente para el consumo familiar. Estos ingresos generan liquidez y superan incluso a las exportaciones o las divisas por turismo.