Rosario Murillo, codictadora de Nicaragua, ordenó una marcha nacional para el 1 de abril próximo, fecha que marca los siete años de la crisis política iniciada con las manifestaciones de abril de 2018 y que fueron reprimidas por fuerzas sandinistas.
Durante este mes, que Murillo describe como el “más crudo” para ella, el régimen de Ortega y Murillo afrontó las protestas ciudadanas que exigían el fin de su gobierno, una represión que dejó más de 328 muertos, miles de presos políticos y un exilio masivo.
En su intervención del 25 de marzo, Murillo convocó a realizar caminatas por todo el país en “agradecimiento a Dios” por la fortaleza para enfrentar las protestas y rechazar la “perversión” y la “maldad” de aquellos que se oponen a su dictadura.
En su discurso, cargado de la usual diatriba y su narrativa que contradice los hechos y la historia misma, se refirió “abril sagrado”, un mes que, según ella, nunca será “profanado” por quienes considera “maleantes”.
No mencionó los más de 300 muertos provocados por las fuerzas leales a ella y su marido, el dictador Daniel Ortega, ni la constante violación a los derechos humanos que vinieron después y que se mantienen.
Este llamado a la marcha tiene un claro propósito: consolidar la narrativa oficial del régimen y sembrar el miedo en la población, mientras se olvida la violenta represión de 2018, en la que miles de nicaragüenses fueron afectados.
Mientras Murillo dirige las acciones desde el poder, no participa directamente en las marchas, dejando que sus seguidores sigan sus órdenes como una manera de controlar el descontento social.
Este abril, Nicaragua recuerda los siete años de una crisis que ha sumido al país en una dictadura, y los opositores a Ortega y Murillo han iniciado una campaña en redes sociales, usando el número 7 acompañado de la bandera nacional, como símbolo de la lucha y resistencia.