El expresidente panameño, Ricardo Martinelli, anunció que decidió aceptar el salvoconducto de “su gobierno” para abandonar la embajada de Nicaragua, en la que se ha refugiado desde hace más de un año, para viajar a ese país centroamericano gobernado por una dictadura y así burlar a la justicia de su país que lo ha condenado a más de una década de prisión por corrupción.
Su decisión la comunicó por medio de su cuenta en Instagram, acompañado de una fotografía en la que aparece sonriente junto a miembros de su familia.
“Hoy, con mi hijo, mi familia y mis allegados he tomado la decisión de aceptar el salvoconducto como asilado político en la hermana república de Nicaragua otorgado por mi gobierno”, publicó en la cuenta @ricardomartinelli99.
“Esperaré con tranquilidad y atendiendo mi salud la decisión en justicia”, agregó.
Martinelli, quien gobernó de 2009 a 2014 Panamá, incluso se tomó el tiempo para bromear asegurando que viajará junto a su mascota, Bruno, a quien con frecuencia mostraba en sus mensajes en redes sociales mientras refugiado ha evadido la prisión.
El político de 73 años fue sentenciado a poco más de 10 años de prisión por un millonario blanqueo de capitales para comprar una casa editora. Martinelli ha negado, a pesar de la condena en firme, ser culpable del delito. Lo reiteró en su mensaje en Instagram.
“Los quiero a todos con toda mi alma”, remató.
Martinelli buscó llegar a la presidencia de nuevo en las elecciones de 2024, cuando junto a su compañero de fórmula, José Raúl Mulino, competían por el partido Realizando Metas.
La condena en firme lo apartó de los comicios y Mulino tomó su lugar y ganó.
Y es precisamente el gobierno de su amigo quien a la vuelta de 8 meses de gestión decidió otorgarle el beneplácito de salir de la embajada, en calidad de asilado, y viajar a un país que ya tiene tradición de albergar a políticos corruptos (o acusados de corrupción) que huyen de la justicia (Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, ambos expresidentes de El Salvador, son un ejemplo de ello).
Mulino se había distanciado de Martinelli en los últimos meses, pero le dio un giro a la historia al concederle, “por razones humanitarias”, el salvoconducto que ansiaba para poder librarse de la prisión.