La participación de Nicaragua en la 79 Asamblea General de la ONU, encabezada por el canciller Valdrack Jaentschke, se caracterizó por una postura aislada y centrada en la denuncia de las sanciones internacionales impuestas al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, así como el respaldo a Rusia en sus enfrentamientos diplomáticos.
A diferencia de otras delegaciones, la representación nicaragüense no se centró en iniciativas de relevancia global como el Pacto para el Futuro, aprobado por la mayoría de las naciones.
El Pacto para el Futuro, una hoja de ruta que busca enfrentar riesgos catastróficos como el cambio climático, las guerras y la pobreza, fue adoptado por 143 países.
Nicaragua, junto a Rusia, Irán, Corea del Norte y otros regímenes autoritarios, votó en contra del acuerdo, alejándose de la mayoría de los países que buscan un consenso para enfrentar los desafíos globales.
#LOULTIMO DICTADURA DE NICARAGUA LLORA Y SE RASGA LAS VESTIDURAS EN LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU. “SUFRIMOS TODOS LOS DIAS SANCIONES”. #UNGA79 #UNGA pic.twitter.com/BO8oWToy4u
— Arturo McFields Yescas (@ArturoMcfields) September 23, 2024
Durante su intervención ante una sala casi vacía, Valdrack Jaentschke insistió en la eliminación de las sanciones que han golpeado al régimen sandinista desde 2018 debido a sus constantes violaciones de derechos humanos.
“Nicaragua seguirá denunciando las medidas coercitivas unilaterales o las mal llamadas sanciones, que para nosotros no son más que agresiones en contra de los pueblos que se resisten a la dominación hegemónica”, dijo Jaentschke en un discurso que fue más un eco de la retórica del régimen que un aporte constructivo a las discusiones multilaterales.
Este discurso fue recibido con indiferencia, y la delegación nicaragüense no obtuvo respaldo de sus aliados tradicionales, con quienes en otras ocasiones compartía escenario y apoyos estratégicos.
La delegación nicaragüense se limitó a reuniones con países de menor influencia global como Cuba, Senegal, Emiratos Árabes Unidos, República Popular Lao, República Democrática del Congo, Qatar y Zambia.
Esto fue interpretado por analistas y críticos del régimen como una señal del creciente aislamiento internacional de Nicaragua.
El líder opositor y expreso político Félix Maradiaga, presente en eventos paralelos en Nueva York, destacó que la posición de Nicaragua es cada vez más marginal.
“La delegación del régimen se mostró como un paria internacional al que ni siquiera sus socios más sobresalientes se acercaron”, dijo Maradiaga en una intervención pública.
Maradiaga también subrayó que la presión internacional sigue siendo fundamental para denunciar los abusos de derechos humanos del régimen Ortega-Murillo.
“Incluso los viejos aliados del sandinismo han tomado distancia. Solo han podido interactuar con autocracias aisladas, lo cual refleja el nivel de aislamiento en el que ha caído Nicaragua”, afirmó.
Mientras la ONU adoptaba el Pacto para el Futuro, orientado a enfrentar los desafíos del siglo XXI, la postura de Nicaragua evidenció una desconexión con los esfuerzos multilaterales que buscan construir un mundo más equitativo y sostenible.
“Estamos aquí para rescatar al multilateralismo del abismo”, señaló el secretario general de la ONU, António Guterres, quien agradeció a los 193 miembros por su apoyo al pacto.
La estrategia diplomática del régimen sandinista sigue centrada en denunciar las sanciones internacionales como “crímenes de lesa humanidad”, una narrativa que Valdrack Jaentschke promovió sin éxito durante la asamblea.
Afirmó que las sanciones contra Nicaragua y otros países suponen un obstáculo para el desarrollo de un tercio de la población mundial, pero sus declaraciones no lograron resonar con la mayoría de las delegaciones presentes.
En contraste, el resto del mundo sigue avanzando hacia la implementación de medidas para enfrentar los grandes retos globales.
Los países africanos, por ejemplo, mostraron una oposición contundente a las enmiendas propuestas por Rusia que buscaban diluir el Pacto para el Futuro.
Nicaragua, por su parte, permaneció del lado de las dictaduras que continúan aisladas del consenso internacional.
La negativa de Ortega y su gobierno a unirse a las acciones propuestas por el Pacto para el Futuro marca un nuevo capítulo en el creciente aislamiento diplomático del régimen, que sigue perdiendo apoyos tanto en América Latina como en otras regiones.
Con pocos aliados restantes y una presión internacional creciente, el papel de Nicaragua en los foros multilaterales parece cada vez más insignificante.