El presidente de Colombia, Gustavo Petro, sostuvo una reunión de 35 minutos con el papa Francisco en el Vaticano durante la madrugada de este viernes 19 de enero (hora de Centroamérica), donde se abordó la preocupante situación que enfrenta la Iglesia Católica en Nicaragua.
Petro se ofreció como mediador para restablecer las relaciones entre la Iglesia y el Estado nicaragüense, bajo la dictadura de la familia Ortega-Murillo, anclada al poder por la fuerza y violencia desde 2007.
Petro expresó su inquietud por la persecución que sufren sacerdotes y religiosas en Nicaragua a manos del régimen de Daniel Ortega y su vengativa pareja Rosario Murillo.
Según el mandatario colombiano, Colombia podría desempeñar un papel mediador en este conflicto, proponiendo que las conversaciones en curso entre Colombia y Nicaragua, en el marco de la disputa marítima, se extiendan a asuntos diplomáticos adicionales, como la situación de los sacerdotes.

“Hablamos del tema nicaragüense, Colombia puede poner sus nuevos oficios en un tema de altercado que hubo muy profundo”, afirmó Petro a los medios de comunicación después de la reunión.
El presidente destacó la posibilidad de abordar otros temas, como la normalización de la actividad religiosa en Nicaragua, aprovechando las negociaciones ordenadas por la Corte Internacional de Justicia.
En relación con la libertad religiosa en Nicaragua, Petro afirmó: “Indudablemente a mí me gustaría que hubiera una normalización de la actividad religiosa dentro de Nicaragua. Es un tema que vamos a hablar”.
El presidente Petro también destacó la posibilidad de involucrar a la Comunidad de San Egidio, un movimiento católico con experiencia en procesos de paz, en las conversaciones. Sin embargo, no confirmó su participación en estas negociaciones.
En la audiencia privada se expresó satisfacción por las relaciones entre Colombia y la Santa Sede. El Vaticano, en un comunicado, resaltó la colaboración positiva entre la Iglesia y el Estado colombiano en la promoción del diálogo, la justicia social y la reconciliación.
La tensión entre el régimen de Ortega y la Iglesia Católica en Nicaragua ha llevado a la expulsión y encarcelamiento de sacerdotes, la prohibición de actividades religiosas, el robo de bienes y propiedades del clero y la suspensión de relaciones diplomáticas.
Ortega y su vulgar pareja han acusado al papa y Vaticano de mafias y demonios, mientras el papa ha calificado a Ortega como desequilibrado y ha comparado su dictadura con las dos peores de la historia: la comunista de inicios de siglo XX y la nazi de mediados del siglo pasado.