El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, conversó este martes por teléfono con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, sobre la necesidad de proteger la infraestructura crítica del país, incluidos los puertos, de la influencia de potencias extranjeras, en una clara alusión a China, según informó el Departamento de Estado estadounidense.
Durante la conversación, Rubio y Bukele “dialogaron sobre la necesidad de mantener la infraestructura crítica —incluidos los puertos— segura y libre de influencias extranjeras maliciosas”, señaló el comunicado oficial.
Washington mantiene una especial vigilancia sobre la presencia china en puertos y puntos estratégicos de comunicación en Centroamérica, una región donde Pekín realizó importantes inversiones durante los últimos años.
El Salvador cuenta actualmente con dos importantes proyectos de inversión extranjera: una planta fotovoltaica en Conchagua, desarrollada por la empresa china Powerchina, y la modernización de los puertos de Acajutla y La Unión, bajo la responsabilidad de la compañía turca Yilport Holding. La preocupación estadounidense por la seguridad de estas instalaciones ocurre en medio de su estrategia para limitar la influencia de otras potencias en sectores considerados estratégicos.
Prioridades conjuntas en la ONU
Rubio también instó al gobierno salvadoreño a trabajar junto a Estados Unidos y sus aliados para promover “prioridades comunes” en las Naciones Unidas. El Salvador mantiene una estrecha relación con la administración del presidente Donald Trump y en marzo de este año se incorporó a la alianza de seguridad Escudo de las Américas, impulsada por Washington.
Otro de los asuntos discutidos por Rubio y Bukele fue la situación de Cuba y la presión internacional sobre el gobierno de La Habana. El secretario de Estado sostuvo que “el régimen cubano no realizará las reformas que el pueblo cubano merece mientras crea que la comunidad internacional está de su lado”, de acuerdo con el comunicado divulgado por el Departamento de Estado.
El Salvador se ha alineado con la política de máxima presión de la administración Trump contra Cuba, que incluye un bloqueo petrolero y amplias sanciones económicas.
