Este 24 de marzo de 2025 se conmemora el 45 aniversario del martirio de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, quien fue asesinado mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la capital salvadoreña.
Su muerte, ocurrida un lunes de 1980 a eso de las 4:30 de la tarde por el ataque de un francotirador, se convirtió en un símbolo de lucha por los derechos humanos, la justicia social y la fe en un El Salvador marcado por la violencia y la represión.
En esta fecha de aniversario, muchos recuerdan no sólo el sacrificio de Romero, sino también su impacto perdurable en la Iglesia y la sociedad salvadoreña y mundial.
La homilía de 1980: un llamado a la conciencia
La última homilía de Romero, pronunciada el 23 de marzo de 1980, fue quizá la más poderosa de todas las que dio a como obispo (1977-1980). En ella, hizo un llamado a los militares del país, pidiendo que cesara la represión y el uso de la violencia contra los ciudadanos.
“En nombre de Dios, en nombre de este sufrimiento del pueblo, les ordeno: cese la represión”, dijo Romero en una intervención que aún resuena en los oídos de quienes vivieron aquellos días de horror.
En esa homilía, Monseñor Romero denunció las injusticias que sufría la población más vulnerable, especialmente los campesinos y trabajadores, quienes eran perseguidos y asesinados por el régimen militar.
También expresó su apoyo a la lucha de la Iglesia por la justicia social, a pesar de las presiones que enfrentaba por parte de sectores conservadores que se oponían a sus posturas.
Su llamado a la paz y la justicia no sólo estaba orientado a los opresores, sino también a quienes se veían atrapados en la violencia del conflicto civil que comenzaba a desbordarse en El Salvador.
El martirio
El 24 de marzo de 1980, un hombre armado disparó contra Monseñor Romero mientras oficiaba la misa en el hospital. Su muerte fue un golpe certero para la iglesia y el pueblo salvadoreño, pero no detuvo el movimiento que él había impulsado.
En los años siguientes, Romero se convirtió en un ícono de la resistencia y la izquierda se “adueñó” de su imagen, no solo en El Salvador, sino en toda América Latina y el mundo.

Su sacrificio visibilizó la lucha por los derechos humanos en una región marcada por las dictaduras militares y los conflictos armados.
Beatificación y canonización: el reconocimiento mundial
La figura de monseñor Romero comenzó a recibir un creciente reconocimiento internacional en las décadas posteriores a su muerte. En 1994, la causa para su beatificación fue oficialmente iniciada y su figura pasó a ser un referente clave de la iglesia latinoamericana comprometida con los pobres.
Fue beatificado en 2015 por el Papa Francisco, quien destacó su “testimonio de vida y martirio” por la causa de los más desfavorecidos.
La canonización de monseñor Romero, como santo, ocurrió el 14 de octubre de 2018.
Fue asesinado durante la homilía por predicar sobre la justicia social.
Hoy se cumplen 41 años de la muerte impune de Monseñor Romero y por eso recordamos este video sobre su canonización.pic.twitter.com/ZBG5irnrxD
— AJ+Español (@ajplusespanol) March 24, 2021
La ceremonia, presidida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro en Roma, marcó un hito histórico no solo para la iglesia salvadoreña, sino para toda la Iglesia Católica, ya que Monseñor Romero es el primer y único santo de El Salvador.
Su canonización fue un reconocimiento a su dedicación a la justicia social, a su incansable lucha contra la opresión y su fe profunda en la dignidad humana.
El legado perdurable
A lo largo de estos 45 años, el legado de Monseñor Romero ha trascendido las fronteras de El Salvador. Su mensaje de paz, justicia y amor al prójimo sigue vigente hoy en el contexto global de las luchas por los derechos humanos.
La figura de Romero sigue inspirando a nuevos movimientos de justicia social y es recordado como un profeta que desafió el poder establecido en nombre de los más vulnerables.

Hoy, en el aniversario de su martirio, El Salvador y el mundo recuerdan su ejemplo de valentía y fe.
Monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado cuando tenía 72 años (nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, San Miguel), cuya vida y sacrificio continúan como faro de esperanza, sigue siendo un modelo para quienes creen que la justicia, la verdad y la solidaridad pueden cambiar el mundo