El sistema educativo hondureño continúa mostrando retrocesos significativos en cobertura, calidad y gestión, pese a las iniciativas implementadas por el actual gobierno. Así lo revela el informe “Estado de País 2025 – Educación”, publicado por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), que alerta sobre el estancamiento y la exclusión persistente en el país.
Según los datos recopilados, Honduras cerró 2024 con 1.079.525 niños, niñas y adolescentes fuera del sistema educativo, una reducción mínima respecto a los 1.086.826 excluidos en 2022. A pesar de los programas de matrícula gratis y merienda escolar, en tres años de gestión solo se han recuperado poco más de 7,000 estudiantes.
La cobertura general bajó de 64 % a 63 %, con niveles críticos en la educación prebásica y media, donde 6 de cada 10 menores siguen sin acceso. En el nivel básico, la exclusión subió de 17 % a 19 %, con una pérdida de más de 41,000 estudiantes.
La evaluación académica nacional de 2022, realizada por la Secretaría de Educación y la Universidad Pedagógica Nacional, mostró que los puntajes en matemáticas y español retrocedieron a los niveles de 2010. En tercer grado, solo el 16 % de los estudiantes respondió correctamente preguntas de medición matemática, mientras que 53 % logró una comprensión básica de lectura.
El desempeño más bajo se registró en los departamentos de Gracias a Dios y Lempira, mientras que Ocotepeque mostró el mejor resultado.

Aumento en reprobación, analfabetismo y desigualdad
Según el estudio de ASJ, en 2024, la tasa de reprobación escolar subió a 5.4 %, afectando a casi 87,000 estudiantes. Asimismo, el analfabetismo aumentó de 11.8 % a 12.9 %, lo que contradice las declaraciones oficiales sobre zonas declaradas libres de analfabetismo.
Los datos también evidencian una creciente brecha entre educación pública y privada, con mayor inversión y calidad en el sector privado. El promedio nacional de escolaridad en 2024 fue de 7.4 años, muy por debajo del promedio de 9.3 años registrado en Costa Rica.
Aunque el presupuesto para educación creció en valores absolutos, el 98 % se destina a sueldos y salarios, dejando solo una fracción mínima para inversión en programas educativos prioritarios. En 2024, apenas L 81,125 se destinaron a la compra de libros de texto, lo que equivale a L 0.04 centavos por estudiante, una cifra alarmantemente baja.
El gasto total en educación como porcentaje del PIB se mantiene por debajo del 6 % recomendado por la UNESCO desde 2018.
Avances limitados y desafíos persistentes
Entre los pocos logros destacables por el informe se encuentra el aumento a 182 días de clase en 2024, acercándose a los 200 establecidos por ley, así como una mayor ejecución presupuestaria en infraestructura y merienda escolar.
No obstante, no hay datos verificables sobre cuántas escuelas fueron efectivamente reparadas, pese a la inversión de L 1,222 millones en infraestructura.
La ASJ propone al gobierno la creación de un Pacto Nacional por la Educación, reformas profundas al currículo educativo, garantizar el cumplimiento del 6 % del PIB para educación, mejorar la distribución de libros y reducir la exclusión escolar.
Además, se exhorta a priorizar la formación técnica según las necesidades regionales y diseñar políticas diferenciadas para grupos vulnerables.
Un estudio de la UNESCO advierte que si Honduras no logra revertir la exclusión y el bajo rendimiento escolar, para 2030 enfrentará consecuencias devastadoras: una pérdida equivalente al 25 % del PIB, un aumento del 92 % en embarazos precoces, 76 % en homicidios y un 56 % en jóvenes que no estudian ni trabajan.