El cocanciller sandinista Valdrack Jaentschke llevó este jueves a la XXX Cumbre Iberoamericana, en Madrid, un mensaje doble: la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo quiere más cooperación internacional, pero exige que nadie cuestione su régimen.
Ante jefes de Estado y de Gobierno, representantes de la Unión Europea y el secretario general de Naciones Unidas, Jaentschke reclamó el levantamiento de lo que el régimen llama “medidas coercitivas unilaterales”.
Esas sanciones recaen sobre funcionarios e instituciones señalados de corrupción y de reprimir a la ciudadanía desde abril de 2018.

Ayuda sin preguntas
En el mismo discurso, el enviado de Managua pidió fortalecer la cooperación, pero la condicionó al derecho de cada pueblo a “decidir sus propios modelos políticos y de desarrollo (…) sin imposiciones extranjeras”.
Según él, Nicaragua vive en paz, pero omitió la crisis que vive Nicaragua desde 2018, los presos políticos y los centenares de ciudadanos despojados de su nacionalidad.
La petición choca con la realidad. Buena parte de la comunidad internacional cerró o condicionó su cooperación tras la represión de 2018, que dejó cientos de muertos, y ante violaciones de derechos humanos reiteradas y prolongadas.
El propio régimen eligió el aislamiento. Abandonó foros y organismos, expulsó diplomáticos y cerró los canales por donde le llegaban los reclamos de los donantes. Ahora pide recursos a quienes se niega a escuchar.
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Señalado por la ONU
Su llegada a Madrid desató rechazo por sus credenciales.
A Jaentschke el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), de la ONU, lo identificó como miembro de un grupo de alto nivel que dirigió, entre 2021 y 2023, la estrategia de represión transnacional contra los exiliados.
Según ese organismo, Jaentschke usó sus cargos diplomáticos en Centroamérica para captar colaboradores, vigilar a la diáspora y mapear las redes opositoras.
El partido Unamos, clausurado en Nicaragua, pidió por carta al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que España rechazara la presencia del régimen.
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Mudo ante la prensa
Invitarlo, advirtió, equivaldría a otorgarle una legitimidad que los nicaragüenses le han negado.
Reporteros Sin Fronteras denunció la contradicción de recibir a gobiernos que persiguen a la prensa mientras España desatiende a los periodistas exiliados.
La organización contabiliza en Nicaragua 61 medios cerrados, 22 periodistas desnacionalizados y más de 300 en el exilio.
A su llegada a la cumbre, un periodista de Confidencial, medio confiscado por el régimen, lo abordó para preguntarle por los presos políticos y la democracia en Nicaragua. Jaentschke no respondió ninguna pregunta.
El gesto no es nuevo. En 2019, en Ginebra, calló ante la periodista y excarcelada política Lucía Pineda, quien le cuestionaba la confiscación de las instalaciones de 100% Noticias y Confidencial.
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Una relación rota con España
La visita ocurre en el peor momento de las relaciones con España. En enero pasado, Managua expulsó sin explicaciones al embajador Sergio Farré Salvá, recién llegado al país, y a su segundo al mando.
Madrid respondió con la expulsión del embajador nicaragüense “en estricta reciprocidad”. Desde entonces mantiene apenas contactos mínimos con el régimen y no ha nombrado a un nuevo jefe de misión.
España, además, lidera la activación del régimen de sanciones de la Unión Europea contra la cúpula sandinista y ha concedido su nacionalidad a nicaragüenses desnacionalizados por la dictadura.
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Las fricciones vienen de atrás. En 2021, Managua acusó a Madrid de injerencia en sus asuntos internos y, al año siguiente, retiró a su embajador alegando “presiones y amenazas”.
Pese a ese historial, Nicaragua sigue siendo miembro de la Conferencia Iberoamericana y, como tal, recibió la invitación a la cita de Madrid.
Mientras Jaentschke hablaba en la capital española de construir “puentes de entendimiento”, miles de nicaragüenses exiliados en España, siguen sin poder regresar a su país.







