Un proyecto piloto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) permitió que mujeres de 80 familias guatemaltecas ahorraran un promedio de 2.5 horas diarias, equivalentes a unas 71 horas mensuales, mediante el uso de cocinas eléctricas y cambios en la preparación de alimentos, según un informe publicado por la entidad.
El estudio, denominado Cocinas limpias para empoderar a mujeres rurales en la transición energética: el caso de Guatemala, documenta los resultados de una intervención desarrollada en las comunidades de San Juan del Obispo, en Sacatepéquez, y Santa Cruz Chinautla, en el departamento de Guatemala. La iniciativa buscó reducir la dependencia de la leña y analizar sus efectos sobre la economía familiar, la salud y las oportunidades laborales de las mujeres.
El BID señala que el 54.4 % de la población guatemalteca utiliza leña para cocinar, principalmente en las zonas rurales, mientras que cerca de 1.16 millones de hogares preparan sus alimentos mediante fuegos abiertos. Esta práctica expone a las familias al humo y a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citados en el informe, en 2019 se registraron más de 7,460 muertes atribuibles a la contaminación del aire doméstico, incluidas 488 de niños menores de cinco años.
Antes de la intervención, las mujeres participantes dedicaban un promedio de 40 horas semanales a preparar alimentos y gastaban hasta $23 mensuales en la compra de leña. Para modificar esta situación, las 80 familias recibieron ollas multifuncionales eléctricas y otras 20, que cocinaban exclusivamente con leña, obtuvieron también estufas de inducción. Los equipos fueron financiados por el proyecto y las beneficiarias recibieron capacitación para utilizarlos.
La iniciativa también promovió que las familias dejaran de preparar tortillas en sus viviendas y comenzaran a comprarlas en negocios comunitarios. La elaboración de este alimento tradicional requiere entre 35 y 70 horas mensuales de trabajo, principalmente de las mujeres. Para facilitar el cambio, seis emprendedoras recibieron comales y hornillas que funcionan con gas licuado de petróleo, mientras otras ocho tortillerías se incorporaron como establecimientos de apoyo.
Al finalizar los seis meses de implementación, el BID encontró que el 100 % de los hogares había incorporado el uso cotidiano de las tecnologías eléctricas entregadas. La combinación de estos equipos con la compra de tortillas permitió reducir considerablemente el tiempo dedicado a cocinar, sin que se registrara un aumento estadísticamente significativo en el gasto de electricidad de las familias participantes.
Ahorro económico y mejoras en la salud
El beneficio económico también fue significativo para los hogares que anteriormente compraban leña. Según el estudio, estas familias redujeron sus gastos energéticos en aproximadamente $18 mensuales, debido a que dejaron de destinar un promedio de $23.23 a la compra de combustible tradicional, mientras que el consumo de electricidad aumentó alrededor de $5 al mes.
La reducción del humo dentro de las viviendas también produjo mejoras en el bienestar de las participantes. Al concluir el proyecto, el 96 % de las usuarias reportó cambios positivos en su salud, principalmente una disminución de problemas respiratorios, irritación ocular, dolores de cabeza y molestias de espalda. Antes de la intervención, casi una cuarta parte de las mujeres había sufrido quemaduras relacionadas con el uso de fogones tradicionales.
Los beneficios continuaron después de finalizar el acompañamiento. Una evaluación realizada 18 meses después encontró que el 100 % de los hogares que recibieron estufas de inducción continuaba utilizándolas, mientras que el 80 % mantenía el uso de las ollas multifuncionales. El informe atribuye el abandono de algunos de estos últimos equipos a fallas de funcionamiento.
Además, el 72 % de los hogares ya no utilizaba leña diariamente y reservaba este combustible para ocasiones especiales que requerían preparar grandes cantidades de alimentos. El estudio también encontró que el 92 % de las mujeres continuaba comprando tortillas, principalmente por la comodidad y el tiempo que ahorraban al evitar su elaboración doméstica.
La disponibilidad de más tiempo permitió que algunas beneficiarias desarrollaran actividades económicas. El BID identificó que el 35 % de las mujeres destinaba las horas liberadas a trabajos generadores de ingresos, entre ellos la elaboración y venta de artesanías, flores y tortillas, el cultivo de nísperos y la enseñanza de clases particulares a niños.
El BID concluyó que sustituir la leña por tecnologías limpias requiere más que entregar equipos, pues también es necesario modificar hábitos, ofrecer capacitación y garantizar que las familias puedan adquirir los dispositivos. El proyecto contó con la colaboración de Fundación Solar y la Empresa Eléctrica de Guatemala (EEGSA), y fue financiado por los Fondos de Inversión en Clima. La institución explora ampliar esta experiencia mediante un programa dirigido a comunidades rurales e indígenas de Guatemala.






