El creciente involucramiento de China en Centroamérica y América Latina representa un desafío para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, debido a que las inversiones comerciales, la infraestructura portuaria, las telecomunicaciones y la cooperación con instituciones militares y policiales podrían facilitar actividades de inteligencia y operaciones estratégicas de Pekín, según un análisis del investigador estadounidense R. Evan Ellis.
Ellis, profesor de investigación sobre América Latina del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos e investigador asociado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), señala que Nicaragua, Panamá y Costa Rica figuran entre los países centroamericanos donde China desarrolló vínculos en áreas sensibles.
El especialista sostiene que estas relaciones, aunque principalmente comerciales, pueden generar oportunidades de influencia sobre gobiernos e instituciones de seguridad, particularmente en escenarios de confrontación entre Washington y Pekín.
En Nicaragua, el investigador identifica proyectos chinos relacionados con el puerto de Corinto y el cercano aeropuerto de Punta Huete, cuya pista fue construida con dimensiones militares durante la Guerra Fría.
Ellis considera que ambas instalaciones representan puntos de interés estratégico por su posible utilización logística en un conflicto. También menciona que China entregó motocicletas a las fuerzas policiales nicaragüenses en 2025 y equipos de protección en 2022, además de la visita del buque hospital chino Silk Road Ark en noviembre de 2025, como parte de los contactos establecidos entre ambos países.

Panamá ocupa un lugar destacado en el análisis debido a la importancia del Canal para el comercio y los movimientos militares estadounidenses. Ellis señala que, pese a la salida de la empresa Hutchison de las operaciones portuarias en Cristóbal y Balboa en febrero de 2026, China mantiene presencia mediante compañías vinculadas a la construcción, logística y distribución.
Entre ellas menciona a COSCO, identificado como el quinto mayor usuario del Canal, y a China Harbour, relacionada con la construcción del cuarto puente sobre la vía interoceánica. El investigador advierte que estas actividades podrían facilitar el acceso a información e infraestructura estratégica y, eventualmente, generar riesgos para el funcionamiento del Canal durante un conflicto.
En Costa Rica, el especialista destaca las donaciones de vehículos policiales realizadas por China en 2009 y 2012, motocicletas y equipos de protección en 2021, así como sistemas electrónicos entregados en noviembre de 2018.
Según Ellis, este tipo de cooperación puede fortalecer los vínculos entre instituciones de seguridad y autoridades chinas, pero también plantea interrogantes sobre el acceso a información sensible cuando los equipos tecnológicos se conectan a sistemas nacionales.
En el caso de El Salvador, el análisis menciona su incorporación al proceso de integración aduanera iniciado por Guatemala y Honduras, aunque no identifica proyectos militares chinos específicos en territorio salvadoreño.
El investigador sostiene que la estrategia china no depende exclusivamente de la venta de armamento, sino también de donaciones, capacitación e intercambios institucionales.
Explica que Pekín amplió sus programas de formación para militares y policías latinoamericanos, incluyendo cursos en instituciones del Ejército Popular de Liberación y centros especializados en seguridad. Estas relaciones podrían permitir a China establecer contactos con funcionarios que manejan información estratégica o mantienen vínculos con organismos estadounidenses, aunque el análisis presenta estos escenarios como riesgos potenciales y no como operaciones de espionaje comprobadas.

China también amplía presencia en el resto de América Latina
Fuera de Centroamérica, Ellis identifica inversiones y proyectos estratégicos en Perú, Argentina, Brasil, Venezuela y Bolivia. Uno de los principales ejemplos es el puerto de Chancay, en Perú, operado por la empresa china COSCO, que contempla ampliar sus instalaciones con 11 nuevos atracaderos de aguas profundas.
El especialista advierte que la limitada capacidad de supervisión de las autoridades peruanas podría representar un riesgo si la infraestructura llegara a utilizarse para abastecer embarcaciones militares chinas durante un eventual enfrentamiento con Estados Unidos.
En Argentina, el análisis destaca una instalación de seguimiento espacial en la provincia de Neuquén, operada por una organización vinculada al Ejército Popular de Liberación de China. También menciona instalaciones espaciales en Venezuela y Bolivia, así como la cooperación tecnológica entre Brasil y China para desarrollar satélites.
Ellis sostiene que estas infraestructuras de uso civil y potencialmente militar podrían facilitar la recopilación de información, el seguimiento de satélites y otras actividades estratégicas, dependiendo de las condiciones de acceso y supervisión establecidas por los gobiernos anfitriones.
La expansión tecnológica constituye otro de los principales puntos de preocupación del investigador. Empresas chinas como Huawei, ZTE, Xiaomi, Alibaba, Tencent y ByteDance mantienen operaciones en telecomunicaciones, servicios digitales y almacenamiento de información en América Latina.
Según Ellis, Huawei contaba en 2025 con cinco regiones de servicios en la nube que atendían a 2,500 empresas, mientras Alibaba amplió sus operaciones hacia México y Brasil.
El académico advierte que el manejo de grandes volúmenes de información empresarial, gubernamental y personal podría generar oportunidades de acceso a datos sensibles para los servicios de inteligencia chinos.
El análisis también examina la cooperación militar de Pekín con países sudamericanos. Ellis recuerda que China vendió aeronaves, radares y vehículos militares a Venezuela, Ecuador y Bolivia, mientras Brasil mantiene una de las relaciones militares más activas de la región con el Ejército Popular de Liberación.
Entre los ejemplos menciona la participación de 33 infantes de marina chinos en un ejercicio militar brasileño en septiembre de 2024 y otras actividades de cooperación naval. Para el investigador, estos intercambios permiten a las fuerzas chinas familiarizarse con las instituciones militares y las características geográficas de América Latina.

La influencia de China también se refleja en la percepción de la población latinoamericana. Ellis cita una encuesta de Latinobarómetro publicada en octubre de 2026, según la cual la valoración positiva de la influencia china aumentó del 48 % al 65 % durante los últimos seis años, mientras la percepción favorable de Estados Unidos disminuyó del 60 % al 57 %.
El especialista considera que estos cambios podrían influir en las decisiones futuras de los gobiernos latinoamericanos sobre cooperación económica, tecnológica y militar con ambas potencias.
Finalmente, Ellis advierte que Estados Unidos debe prestar mayor atención a la relación entre las inversiones chinas y sus posibles implicaciones para la seguridad regional.
El investigador sostiene que los países latinoamericanos también enfrentan riesgos para su soberanía si sus autoridades pierden capacidad de supervisión sobre infraestructuras estratégicas o quedan expuestas a presiones externas.
Por ello, plantea la necesidad de fortalecer el diálogo entre Washington y sus socios de Centroamérica, el Caribe y Sudamérica para gestionar los desafíos derivados de la creciente presencia china en el hemisferio.






